Ayer fue un día especial para mi.
Quedé a comer con mi ex-jefe, él siempre será mi jefe, por mucho tiempo que pase. Trabajamos juntos 7 u 8 años y fueron de los mejores años laborales que recuerdo en mi vida. Establecimos una relación muy muy intensa, discutiamos a diario, de cualquier cosa, y hacíamos muy buen equipo.
Viajamos bastante y entre unas cosas y otras, realmente nos llegamos a conocer muy bien.
Ayer después de comer y con una copa delante, hablándole de mis dolores emocionales, de la ruptura con Noe, de mis meses de terapia, él me hizo su diagnóstico y no pude contener las lágrimas. No por que me dijera algo feo (que aunque así fuera, siempre lo sería desde el cariño), que va !! sino por el absoluto grado de certeza de las cosas que me dijo.
No pude por más comparar su diagnóstico, desinteresado, sincero y basado en el conocimiento con otros diagnósticos que me hicieron. Que gran diferencia. Se me vino a la memoria una frase:
"Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio"
Albert Einstein
Prejuicios que siempre estuvieron presentes, unas veces más... unas menos.
No es demasiado fácil llegar a conocerme, especialmente antes que yo era mucho más cerrado emocionalmente hablando, pero lo que si está claro, es que quién de verdad ha puesto interés en conocerme... lo ha hecho. Y de que manera !!
Gracias Javier. Fue un placer trabajar contigo y aun más ser tu amigo tantos años después y como él mismo decía y supongo que seguirá diciendo cuando toque...
Gracias por ser mi amigo.
Cuando hablo... palabras digo
Javier Valdés
A veces uno desearía dar menos diagnósticos y más soluciones, pero hay medicinas que sólo pueden surgir de uno mismo, dejando pasar el tiempo suficiente. Los demás, ya sabes, "mirar y dar tabaco"... bueno y si acaso, no decir demasiadas estupideces, el cupo está lleno.
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo en todo lo demás.
Un fuerte abrazo